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No hay escape: los escalofriantes casos de 'locura' y violencia que asolan las misiones en la Antártida

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Estos episodios exponen una realidad ineludible: detrás de los importantes avances científicos en glaciología y climatología, el personal destinado al continente blanco libra una dura batalla psicológica.
No hay escape: los escalofriantes casos de 'locura' y violencia que asolan las misiones en la Antártida

Las bases científicas de la Antártida, ubicadas en algunos de los rincones más inhóspitos del planeta, han sido escenario de episodios de violencia extrema entre sus ocupantes. Este fenómeno es una consecuencia directa del aislamiento, la falta de luz solar durante el prolongado invierno polar y las temperaturas que imposibilitan salir al exterior.

A esos problemas —que incluyen alteraciones de conducta y cognitivas, a menudo denominados 'síndrome de hibernación'— se suma la imposibilidad de evacuación inmediata debido a las severas condiciones meteorológicas. Así, cualquier conflicto personal puede escalar hasta convertirse en una crisis que comprometa toda la expedición. Aunque estos brotes son excepcionales en la historia de la exploración polar, los registros confirman que la tensión acumulada por el confinamiento puede llevar a desenlaces fatales.

A continuación algunos de los casos más relevantes.

Amenaza con un arma en Jang Bogo

El incidente más reciente ocurrió en abril en la estación científica surcoreana Jang Bogo, en la Antártida Oriental. Según los reportes, un miembro de la dotación amenazó a sus compañeros con una cuchilla de 30 centímetros que había fabricado de manera clandestina a partir de una lámina de acero en el taller de mantenimiento.

El agresor, un hombre de 50 años con antecedentes de mala conducta y conflictos interpersonales, fue neutralizado por sus propios colegas antes de que pudiera causar daños físicos. Tras ser desarmado, quedó confinado en estricto aislamiento.

Aunque la situación fue controlada internamente, el hombre tuvo que permanecer encerrado casi un mes debido a las fuertes tormentas que impedían cualquier evacuación. Finalmente, a principios de mayo fue trasladado a Corea del Sur, donde quedó a disposición de las autoridades. Como respuesta al altercado, el Instituto Coreano de Investigación Polar envió asistencia psicológica a todo el personal afectado y se comprometió a endurecer los protocolos de seguridad.

Intimidación y acoso en Sanae IV

El confinamiento también causó estragos a finales de febrero de 2025 en la base de investigación sudafricana Sanae IV. En este caso, un científico agredió físicamente a un compañero y profirió amenazas de muerte contra otro investigador, lo que desató una grave crisis de convivencia.

Un testigo relató que el comportamiento del agresor generó una "atmósfera de miedo e intimidación" en la base. Inicialmente, circularon acusaciones de agresión sexual, pero las autoridades sudafricanas las desmintieron. No obstante, las investigaciones confirmaron una denuncia formal por acoso sexual contra el mismo individuo.

Ante la gravedad de los hechos, el científico terminó cooperando con sus superiores y ofreció disculpas formales al equipo. Al estabilizarse el clima laboral, el programa antártico descartó un rescate de emergencia y la dotación completó su misión, que se prolongó hasta diciembre de 2025.

Triángulo amoroso y ataque con hacha

Los conflictos de índole sentimental tienden a agravarse bajo la presión del aislamiento. En noviembre de 2017, en una estación insular sudafricana cercana al continente helado, se registró un episodio violento motivado por un presunto triángulo amoroso.

La tensión estalló cuando una investigadora rechazó la propuesta de matrimonio de un compañero. Lleno de resentimiento, el hombre rechazado decidió vengarse de quien consideraba su rival. Según un informe presentado al Parlamento de Sudáfrica, el agresor tomó un hacha de las herramientas de la base y destrozó la computadora portátil de su colega. El ataque de furia encendió las alarmas de seguridad y requirió la intervención inmediata de la tripulación.

Apuñalamiento en la estación Bellingshausen

El antecedente más documentado de violencia extrema en la Antártida ocurrió en octubre de 2018, en la base rusa Bellingshausen, en la isla Rey Jorge. Tras más de seis meses de confinamiento durante el invierno polar, Serguéi Savitskiy atacó sorpresivamente a otro integrante de la expedición en el comedor. Armado con un cuchillo de cocina, el ingeniero asestó una puñalada en el pecho a la víctima, quien se desempeñaba como soldador en la instalación científica.

Aunque se mencionan burlas y problemas previos como detonante, una versión muy difundida por medios rusos asegura que la causa fue la costumbre del soldador de revelar los finales de los libros que Savitskiy leía para pasar el tiempo. La víctima quedó en estado crítico, pero sobrevivió. Por su parte, Savitskiy fue deportado a Rusia y puesto bajo arresto domiciliario.

Estos dramáticos episodios exponen una realidad ineludible: detrás de los importantes avances científicos en glaciología y climatología, el personal destinado al continente blanco libra una dura batalla psicológica. Para contrarrestar los efectos del aislamiento extremo, las agencias polares estudian continuamente el comportamiento de sus equipos. Pero, como demuestran estos incidentes, la mente humana sigue siendo el factor más impredecible en los entornos más hostiles de la Tierra.

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