El dólar se debilitó bruscamente este lunes frente al yen japonés, después que el presidente de Estados Unidos y la ministra de Finanzas de Japón confirmaran que ambas partes habían intervenido en los mercados.
¿Qué pasó?
Antes de finales de la semana pasada, el dólar se cotizaba por encima de 163 yenes, rozando niveles máximos en los últimos 40 años. Después que se sospechara que los reguladores habían intervenido, cayó por debajo de 160 yenes.
A primera hora del lunes, tras el anuncio oficial de la intervención, el dólar cayó a casi 155,20 yenes, un desplome significativo para el tipo de cambio, y se cotizaba a 156,70 yenes a última hora de la tarde (hora de Tokio).

La prolongada debilidad del yen frente al dólar ha sido una fuente de frustración para Japón: dado que el país asiático importa gran parte de lo que consume, una moneda débil empuja los precios al alza. Los altos precios del petróleo han amplificado ese problema, que está ejerciendo presión sobre el gobierno de la primera ministra Sanae Takaichi para abordar el aumento del costo de vida.
Sostener el yen para sostener su propia deuda
La intervención conjunta con EE.UU. fue necesaria para frenar la caída del yen. Sin embargo, más allá de un gesto diplomático inusual —fue la primera intervención coordinada de EE.UU. y Japón para comprar yenes desde 1998—, para Washington podría tratarse sobre todo de una medida de autoprotección financiera.
En el centro de la maniobra está el mercado de bonos del Tesoro de EE.UU., columna vertebral de la financiación del Estado y termómetro del coste de su deuda.
Donald Trump confirmó la "señal de amistad" de parte de EE.UU., asegurando que su país obtuvo un "beneficio financiero" a partir de la intervención, al tiempo que la ministra japonesa de Finanzas, Satsuki Katayama, reconoció compras de yenes en coordinación con el Tesoro estadounidense, un reconocimiento poco frecuente en un mercado donde estas operaciones suelen comunicarse a medias o no se comunican en absoluto.
Japón es el mayor tenedor extranjero de bonos del Tesoro de EE.UU., por delante del Reino Unido y China. Cuando el yen se debilita, Tokio suele intervenir comprando yenes y vendiendo divisas, pero para conseguir dólares con los que intervenir, el riesgo es que termine vendiendo los bonos del Tesoro estadounidense.
Eso elevaría los rendimientos, y, por tanto, las tasas que paga EE.UU. para endeudarse, justo en un momento en que el coste de la financiación ya es políticamente explosivo y macroeconómicamente sensible para Washington.
Los rendimientos estadounidenses ya se encuentran en niveles elevados: a finales de julio, el bono del Tesoro a 10 años rendía entre 4,6 % y 4,7 %, encareciendo la refinanciación y el servicio de la deuda para los próximos meses.
Un reciente informe de la GAO, oficina de auditoría del Congreso, advirtió que un deterioro del panorama fiscal y episodios de tensión pueden debilitar la demanda de los bonos del Tesoro y el papel global del dólar, elevando riesgos para la financiación pública. En ese contexto, evitar ventas masivas por parte del mayor acreedor extranjero no es un detalle: es una prioridad estratégica.
"Elemento de autoconservación"
Más que un rescate del yen por altruismo, la intervención coordinada puede leerse como un mensaje al mercado: EE.UU. quiere impedir que la defensa de la moneda japonesa se convierta en un problema para el precio de su propia deuda, de ahí su implicación tan visible.

También lo confirman los expertos del sector con los que conversó CNBC. En su opinión, una de las mayores preocupaciones de Washington era evitar un escenario en el que Japón se viera obligado a deshacerse de grandes cantidades de bonos del Tesoro para financiar una intervención unilateral.
"Aquí hay un elemento de autoconservación. La volatilidad de los mercados, impulsada por políticas fiscalmente agresivas por parte de Japón, podría extenderse a los mercados de bonos del Tesoro de EE.UU., desestabilizando el dólar", indicó Louise Loo, directora de economía asiática de Oxford Economics.


