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Bloqueo contra Cuba: confesión y pruebas

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Bloqueo contra Cuba: confesión y pruebas

Aunque es difícil conjugar el verbo "agradecer" con los sujetos "Donald Trump" y "Marco Rubio" en una misma oración, haremos una excepción lingüística para afirmar que, si algo hay que agradecerle al presidente estadounidense y su secretario de Estado, es la brutal crudeza con la que detallan la política exterior de EE.UU. contra Cuba.

Claro, involuntariamente, porque lo paradójico del asunto es que admiten el crimen cometido al describirlo, pero lo niegan a la hora de calificarlo. Algo así como "sí, señor juez, yo estrangulé a la víctima con mis propias manos, pero si ella se quedó sin aire fue por su propia responsabilidad".

Cinismo criminal

Analicemos los sucesos más recientes para profundizar en el tema. Desde principios de año, el Gobierno estadounidense impone un bloqueo petrolero completo contra Cuba, impidiendo de diversas formas que llegue crudo a la isla. No es algo que hayamos descubierto nosotros en algún documento secreto ahora desclasificado, no: lo hacen pública y notoriamente, como ustedes mismos han comprobado en estos meses.

Sin embargo, esas medidas no tendrían nada que ver con los larguísimos cortes de electricidad en la nación caribeña, como aseveró hace unas semanas Marco Rubio, en unas declaraciones recientes que acabarían con el medidor de cinismo más robusto del mercado: "La razón por la que [en Cuba] se ven obligados a sobrevivir 22 horas al día sin electricidad no se debe a un bloqueo petrolero por parte de EE.UU.", decía el secretario de Estado sin ruborizarse.

Es exactamente el mismo "modus operandi’ del supuesto que comentábamos antes, el del asesino serial que confiesa sus crímenes pero se ofende si le dicen criminal. Con la diferencia de que el asesino serial es proporcionalmente menos dañino que el dúo que nos ocupa.

A más resistencia, más presión ilegal

Pero, en este caso, encima la víctima no se deja asfixiar, lo que hace que el criminal -en este caso, Washington–, siga apretándole más el cuello, quedando así todavía en mayor evidencia ante el mundo.

¿Cómo? Pues resulta que, cuando en el Gobierno de Trump cayeron en cuenta de que ni con el bloqueo petrolero total —apenas ligeramente aliviado por la llegada de un carguero ruso en el mes de marzo— lograban torcerle el brazo a Cuba, sumaron nuevas medidas coercitivas ilegales.

Varias empresas extranjeras del sector anunciaron que abandonaban la isla, a pesar de los ingentes ingresos que han percibido durante las últimas dos décadas

Por un lado, la Casa Blanca amenazó con congelar los activos de empresas o entidades que participen en sectores clave de la economía cubana, entre ellos el turismo. Las amenazas debieron de resultar creíbles, porque poco después de anunciarse, varias empresas extranjeras del sector anunciaron que abandonaban la isla, a pesar de los ingentes ingresos que han percibido durante las últimas dos décadas, sobre todo.

Por ejemplo, la cadena española Meliá Hoteles, la de mayor presencia en Cuba, anunció su retirada del mercado turístico cubano, dejando atrás los 15 establecimientos que manejaba en el país. Por otro lado, pero en la misma dirección y con la misma intención, las medidas de Washington contra La Habana adquirieron otra dimensión con el anuncio de nuevas sanciones contra GAESA, la mayor empresa estatal de Cuba, lo que tiene varias y graves repercusiones para la economía cubana. El conglomerado, centrado sobre todo en turismo, inversiones y comercio, es clave para el funcionamiento financiero del país.

Sin embargo, como ese anuncio tampoco produjo ese 'cambio de régimen' tan deseado por Trump y Rubio, en Washington decidieron hilar más fino y sancionaron a una de sus filiales, FINCIMEX, que funge como intermediaria entre sistemas bancarios extranjeros y la red bancaria nacional. Al toque, sistemas de pago como VISA y MasterCard anunciaron su salida de la isla, aduciendo que, al resultar sancionada la empresa que garantizaba la conexión de los comercios cubanos con su red, sus tarjetas dejarían de operar en el país.

Aunque otras tarjetas de pago, como la rusa MIR o la china UnionPay, sí seguirán activas, sin duda la medida es otro duro golpe contra el sector turístico cubano, ya que afectará sobre todo a los visitantes de la región latinoamericana y caribeña, los europeos occidentales y los canadienses.

La muerte del argumento

Es decir, cada una de las cada vez más frecuentes medidas coercitivas aprobadas por la Administración Trump contra Cuba es más obvia, agresiva y tosca que la anterior, lo que revela la esencia de la estrategia del bloqueo estadounidense que, como todos sabemos, no tiene seis meses ni seis años, sino más de seis décadas.

Pero, durante todo ese tiempo, desde EE.UU. siempre trataron de mantener un mínimo las formas, en un intento de aferrarse a su discurso de que se trataba de sanciones quirúrgicas contra funcionarios o entes concretos y no contra la población en general.

Es obvio que esa narrativa hacía aguas por todas partes, pero nunca faltaban personas —y no pocas— que creían sinceramente en ella. Hoy, ese argumentario está muerto para siempre y sus asesinos confesos no son otros que Donald Trump y Marco Rubio.

El presente texto es una adaptación de un video realizado por el equipo de '¡Ahí les va!', escrito y dirigido por Mirko Casale.

Las declaraciones y opiniones expresadas en este artículo son de exclusiva responsabilidad de su autor y no representan necesariamente el punto de vista de RT.

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