Auxiliares de vuelo han revelado una incómoda práctica de los pasajeros que se repite muy a menudo y que ellos detestan: ser tocados, pellizcados o golpeados durante los vuelos. Según revelaciones en el podcast Jumpseat Chronicles, recogidas esta semana por el diario New York Post, y una entrevista con The Washington Post, esta conducta es tan frecuente que se ha convertido en un problema constante que afecta al personal de cabina.
La situación ha llegado a tal punto que algunos miembros de la tripulación optan por usar insignias con el mensaje "no tocar" para intentar disuadir a los viajeros. Michelle Montez, una azafata con 20 años de experiencia, afirmó que "es muy raro que no ocurra", subrayando la cotidianidad del problema.
Darion Foy, otro auxiliar de vuelo, detalló que el contacto no deseado es extremadamente común y ha sufrido pellizcos inapropiados. Su colega Joshua Boyd ilustró la magnitud del problema con cruda franqueza: "Te dan un toque en el brazo, un toque en el costado, un toque en el trasero. Te tocan tanto que ya es algo habitual. Si nos dieran un dólar por cada vez, seríamos millonarios".
Ante esta situación, insisten en que los pasajeros tienen alternativas sencillas para comunicarse, como utilizar el botón de llamada en lugar de recurrir al contacto físico. Boyd expresó claramente su preferencia por que los viajeros "presionen la luz de llamada" en vez de tocarlos. Montez añadió que, aunque haya quienes no puedan hablar, "son muy buenos gesticulando". "No es necesario que usemos las manos para tocar a los auxiliares de vuelo", reiteró.
La preocupación de los tripulantes de cabina trasciende una simple molestia; advierten que lo que a primera vista parece un toque inofensivo puede escalar a situaciones mucho más graves, vulnerando los límites personales y profesionales en pleno viaje.
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